febrero 25, 2026

Falleció Javier Pipo Marín, histórico dirigente de Acassuso y la AFA

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Dolor en el fútbol argentino: falleció Javier «Pipo» Marín, histórico dirigente de Acassuso y la AFA

Francisco Javier «Pipo» Marín, una figura emblemática del ascenso argentino, dejó de existir este miércoles, dejando un vacío en el fútbol de las categorías menores y en la estructura de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Conocido por su paso por Acassuso, donde ocupó roles desde boletero hasta presidente de la comisión de fútbol y vicepresidente, Marín construyó su legado desde los rincones más humildes del deporte.

Desde 1987, «Pipo» caminó incansablemente por las inferiores del fútbol nacional, tejiendo redes en Viamonte 1366, sede de la AFA, donde fue titular de la Mesa Directiva desde la Primera D hasta la B Metropolitana. Soldado leal de Julio Grondona, Marín recibió favores como adelantos de derechos de TV que salvaron a Acassuso de deudas con la AFA, y pagó tratamientos médicos al propio «Jefe». Su astucia política lo llevó a aliarse con Marcelo Tinelli en 2015, armando el bloque de la B Metropolitana para la elección en la AFA, en una votación caótica donde lanzó la frase célebre: «Si Grondona reviviera por 24 horas, no le alcanzaría el tiempo para cagarnos a patadas en el culo a todos».

Bajo la gestión de Claudio «Chiqui» Tapia, Marín se reinventó como vocal titular y presidente de la Comisión de Deportividad y Responsabilidad Social y Sustentabilidad, manteniendo una relación aceitada que lo acercó incluso a un cargo en Ceamse, investigado tras denuncia de Graciela Ocaña. Histórico de Acassuso, este club sin estadio habilitado llegó a ser protagonista en la B Metropolitana gracias a su visión, e invitó al Brujo Manuel a Quito para celebrar la clasificación al Mundial de Rusia 2018.

Apodado «Ballena» en algunos círculos, Marín fue ladero obsecuente de Grondona y mano derecha de Tapia, influyendo en el fútbol de ascenso con pequeños espacios de poder que lo afianzaron en la pirámide dirigencial. Su trayectoria refleja la supervivencia en un mundo de cambios: de la era Grondona a la interventora y la de Tapia, siempre adaptándose con olfato político.

El ascenso llora a uno de sus hijos más puros, un hombre que tatuó su piel con el fútbol chico y elevó a un modesto club como Acassuso a niveles impensados. Su partida genera dolor profundo en dirigentes, jugadores y hinchas, cerrando un capítulo de lealtad y astucia en el fútbol argentino.