Último adiós a Miguel Ángel Russo en La Bombonera con emotivo homenaje de jugadores, dirigentes y fanáticos del fútbol argentino
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El Fútbol Argentino Pierde a una de sus Leyendas: Adiós a Miguel Ángel Russo
El miércoles 8 de octubre de 2025, el fútbol sudamericano experimentó uno de sus momentos más dolorosos. Miguel Ángel Russo, uno de los entrenadores más emblemáticos de la historia argentina, falleció a los 69 años dejando un vacío profundo que trasciende los límites de una cancha. Su partida marca el fin de una era, la de un hombre que durante más de cuatro décadas se entregó de cuerpo y alma a este deporte que lo definió por completo. Desde Lanús, donde nació el 9 de abril de 1956, hasta la Bombonera, su nombre quedará grabado en el corazón de cada hincha que tuvo el privilegio de ver su trabajo.
Russo fue mucho más que un técnico exitoso: fue un símbolo de coherencia, mesura y profesionalismo en un ambiente que muchas veces carece de estas virtudes. Con 16 clubes en su historial y más de 1.275 encuentros oficiales dirigidos, acumuló un palmarés de 10 títulos que hablan de su capacidad ganadora. Pero sus números no cuentan la historia completa. Lo que realmente lo distinguió fue su filosofía de juego: equipos compactos, disciplinados, donde la solidaridad grupal prevalecía sobre la individualidad. Su liderazgo, basado en el ejemplo y la palabra justa, transformó a jugadores y clubes, devolviéndolos a la grandeza cuando parecía imposible.
Como jugador, Russo escribió su primer capítulo siendo la médula de Estudiantes de La Plata, el único club que vistió a lo largo de su carrera como futbolista. Entre 1975 y 1988, disputó más de 400 partidos con la camiseta pincha, conquistando los títulos del Metropolitano 1982 y Nacional 1983. Su rodilla, que lo persiguió durante toda su vida deportiva, lo llevó a retirarse prematuramente, pero también lo convirtió en un hombre sabio que entendía el dolor y la resiliencia. Fue precisamente una lesión en su rodilla derecha la que, de manera absurda tras una caída en la bañera de su casa en enero de 1986, lo dejó fuera de la lista definitiva para la Copa Mundial de México. Carlos Salvador Bilardo, su mentor en el Pincha, tuvo que darle la noticia en el peor momento: durante una fiesta de cumpleaños de la esposa de Russo. Ese día nunca lo olvidó, pero tampoco guardó rencor; años después comprendería que su técnico tenía razón.
Como entrenador, Russo construyó una dinastía de éxitos que lo proyectó como una de las figuras más respetadas del continente. Con Vélez Sársfield conquistó el Clausura 2005, abriendo las puertas para que dirigiera a Boca Juniors en 2007, donde se convirtió en uno de los pocos técnicos que ganaron la Copa Libertadores con el xeneize. Su paso por Millonarios fue memorable: en 2017 y 2018 llevó al equipo bogotano a conquistar títulos que la institución ansiaba desde hacía años, todo mientras superaba personalmente un cáncer que no le impidió seguir adelante con su labor. En Rosario Central, donde completó nada menos que cinco ciclos, dejó su impronta indeleble, ganando la Copa de la Liga Profesional en 2023. Incluso en sus últimos días en activo, dirigiendo a San Lorenzo y Boca en 2024 y 2025, demostró que su hambre y dedicación no conocían de edades.
La historia de Russo con la Selección Argentina fue esquiva, casi trágica. Como futbolista, disputó 17 partidos con la camiseta albiceleste bajo la dirección de Bilardo, sin poder estar presente en el Mundial ’86 por aquella lesión que lo marcó. Como entrenador, estuvo muy cerca de ser elegido para dirigir las Eliminatorias hacia Sudáfrica 2010, en un momento donde había ganado la Copa Libertadores con Boca y continuaba en su racha ganadora. Una noche le dijeron que era el técnico de la Selección; a la mañana siguiente, el sueño se desmoronó y el cargo recayó en Diego Armando Maradona. Russo, con la dignidad que lo caracterizaba, nunca hizo un drama de ello. Continuó viviendo a su manera, enfocado en lo que sabía hacer mejor: ganar con equipos, transformar realidades y sembrar enseñanzas.
En la Bombonera, donde dirigió a Boca en múltiples ocasiones y donde recientemente estuvo en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA 2025, el fútbol argentino se despide de un maestro. Su legado no reside únicamente en trofeos ni en estadísticas, sino en la integridad, el respeto y la dignidad con la que ejerció su profesión. Miguel Ángel Russo demostró que es posible ser exitoso sin comprometer los principios, que la coherencia y la mesura son armas más poderosas que el ego. El balompié pierde a uno de los últimos referentes de una era de oro, a un hombre que vivió dentro de una cancha hasta su último aliento. Su nombre vivirá eternamente en la memoria colectiva del fútbol argentino y sudamericano, recordado no solo por lo que ganó, sino por cómo lo ganó.