junio 30, 2026

Gustavo Alfaro tras la heroica clasificación de Paraguay al Mundial 2026: «Sin sufrir no lo podíamos conseguir»

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Paraguay vivió una noche que quedará grabada para siempre en su historia futbolística: la selección guaraní logró una clasificación histórica al Mundial 2026, tras una serie llena de tensión, sufrimiento y una definición por penales que puso al borde del infarto a todo un país. Bajo la conducción de Gustavo Alfaro, la Albirroja volvió a colocarse en el primer plano del fútbol mundial y rompió una espera larga y dolorosa, en línea con el propio discurso del entrenador, que desde su llegada habló de usar el dolor acumulado como combustible para volver a ponerse de pie. La frase que eligió para resumir la hazaña –“sin sufrir no lo podíamos conseguir”– no fue un recurso poético aislado, sino la síntesis de un proceso deportivo y emocional que venía gestándose desde hacía meses.

El partido decisivo condensó todas las contradicciones de este Paraguay: un equipo que alterna momentos de limitaciones evidentes con ráfagas de coraje, orden y resistencia al borde del heroísmo. La Albirroja debió convivir con la adversidad prácticamente desde el inicio, perdiendo jugadores por lesión y ajustes tácticos, lo que obligó a Alfaro a reconstruir su estructura sobre la marcha. «Fuimos perdiendo varios jugadores y eso fue una adversidad más, todos nuestros jugadores son importantes», reconoció el técnico, subrayando que la victoria no se explica solo por la estrategia, sino por la capacidad del grupo de sostener la intensidad y el foco en el momento más crítico. Tras el empate 1-1 en los 120 minutos, la definición desde los doce pasos frente a Alemania se transformó en un examen de carácter que Paraguay aprobó con nervios de acero, imponiéndose 4-3 en la tanda y sellando así su boleto a los octavos de final del Mundial.

La lectura de Alfaro posterior al partido fue mucho más que un análisis táctico: el argentino se detuvo en la dimensión simbólica de la clasificación, consciente de lo que significa para un país que llevaba 16 años esperando volver a esta instancia. «Entraron 26 guerreros y salieron hechos una leyenda, fue un partido épico», definió, en una frase que busca colocar a este plantel en el panteón de las grandes gestas paraguayas. El entrenador insistió en que la identidad de su equipo se construye en la adversidad, en “remar en dulce de leche”, como él mismo graficó, y que sin una mentalidad fuerte era imposible sostener un partido de semejante exigencia. A su juicio, lo ocurrido no es solo un triunfo deportivo, sino una demostración de amor propio y de esa mezcla de “sangre y utopía” que, según sus palabras, permitió transformar en realidad algo que muchos consideraban imposible.

El impacto de la clasificación trascendió rápidamente los límites del estadio y se extendió a todo el país. La euforia colectiva derivó en una decisión política inédita: el presidente Santiago Peña decretó feriado nacional para el día siguiente, como gesto de reconocimiento a la gesta de la selección y de invitación a que la ciudadanía celebre la proeza sin condicionamientos laborales. “¡Paraguay nunca se rinde! ¡¡Feriado carajo!!”, escribió el mandatario, acompañando su mensaje con la bandera nacional y confirmando que el martes 30 de junio sería día de celebración oficial. La medida refleja hasta qué punto el fútbol sigue siendo un dispositivo de construcción de orgullo y unidad en Paraguay, y cómo este equipo se ha convertido, al menos por un instante, en el espejo de las aspiraciones de una sociedad que se reconoce en el esfuerzo y el sacrificio.

Lejos de caer en el triunfalismo, Alfaro utilizó la conferencia de prensa para advertir sobre los riesgos de sobredimensionar la victoria. «Si sobrevaloramos demasiado esta victoria, nos equivocamos. Es una victoria épica pero hay que darle el valor justo que tiene», señaló, marcando una línea clara entre el festejo necesario y la tentación de creer que la tarea está cumplida. Recordó que, a medida que se avanza en el Mundial, “el espacio es más chiquito” y el margen de error se reduce drásticamente, lo que obliga a redoblar el sacrificio: “si no nos sacrificamos a más no poder, no lo vamos a conseguir”. Para él, este es apenas un capítulo –el más importante de su carrera, según admitió– de una historia que Paraguay todavía está escribiendo. La gesta ante Alemania, el feriado decretado por Peña y el país volcado a las calles configuran la escena de un tiempo excepcional; pero el DT insiste en que la verdadera medida de este salto se verá en cómo responda la Albirroja al próximo desafío, con la misma premisa que lo guía desde el primer día: en Paraguay, sin sufrimiento, nada grande se consigue.